Una fotografía: Vida después de la muerte

Vida después de la muerte

Fotografías: Aldonza Méndez

Llenamos la muerte de tanta vida en México, que le rendimos un homenaje a nuestros seres queridos que partieron a otro plano del universo. La llenamos de colores, sabores, música, de risas y de historias. Nos codeamos con la muerte, nos burlamos de ella, nos vestimos como ella. Los primeros días de Noviembre celebramos el día de muertos en mi país.

Y de repente el dolor de perder a un ser amado lo vestimos de alegría, aunque sea por una noche. Nos llenamos de los recuerdos que vivimos con ellos, de sus historias, y enseñanzas. Desempolvamos sus recuerdos, sus objetos favoritos; ponemos las canciones que a ellos les gustaban, su comida favorita; un mezcal, un tequila, un pulque, un atole, algo que refresque su garganta después de ese largo viaje para reencontrarse con nosotros.

De todos los tamaños, de todas las formas posibles, unas con un toque más tradicional, otras con un tinte más moderno; casi todas las casas tienen un ofrenda para sus difuntos y en todas sin excepción tienen una fotografía. Esta no puede faltar, es la ventana que une ambos mundos, es la ventana que une la vida con la muerte, es el medio maravilloso por el cual los recordamos, es la llave que enciende nuestros recuerdos, incluso es la forma en que nos comunicamos: ¿Cuántas veces no le han hablado a una fotografía, tan de cerca, como susurrarle al odio a nuestros difuntos, lo mucho que los extrañamos.

Es que las fotografías tienen vida, la vida de nuestra gente, la parte oculta de nuestra memoria y que a veces necesitamos de ellas para que los recuerdos se hagan presentes. Y esas fotografías que acompañan nuestras ofrendas tienen la verdadera magia de mi profesión. Reconocer y encontrar en esas imágenes a nuestras familias, que las describan tal cual eran, sin engaños, sin trucos. La pura esencia del ser humano en un trozo de papel, claro para la ofrenda y las tradiciones la fotografía tiene que ir impresa, si no no funciona, es uno de los pocos espacios donde la tecnología y los pixeles pierden terreno, porque por tradición entendemos la fuerza de una fotografía impresa, rodeada de flores y de una veladora, necesitamos mostrarles el camino a casa y esa luz y esa fotografía los ayudan a encontrarnos.

Y no importa que fotografía, puede ser una fotografía rota o llena de manchas, un pedazo de foto, una impresión en la papelería. No forzosamente es la fotografía de estudio o profesional, muchas veces es la foto de la reunión familiar, de cuando partieron la piñata o de cuando lavaban el coche. Somos raros en muchos sentidos y ante la muerte de alguien cercano valoramos o añoramos muchas cosas: el tiempo, el agradecimiento, el perdón, la honestidad. Estos sentimientos toman un nuevo significado cuando te enteras del fallecimiento de alguien y una de nuestras primeras reacciones es buscar una fotografía, nos urge, la necesitamos… es una reacción inmediata casi a la par del llanto y el dolor, algo nos recuerda que necesitamos una fotografía para mostrar.

Resulta que le damos el valor a la fotografía después de la muerte y resulta que las fotografías se llenan de vida después de la muerte. Las fotografías tienen la fuerza de trascender el tiempo, de unir nuestro pasado y futuro y a veces lo entendemos tarde.
Hasta aquí mi reflexión del día de muertos, gracias por leerme. Abracen a los suyos ragálence una sesión de fotos, llénense de historias, momentos y recuerdos, La vida es un suspiro.
Como siempre a la memoria de mi Madre, de Luis Tapia, de mis abuelos, de Don Ricardo y de mi gente.

 

Gracias.